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PRUEBAS DE ESFUERZO

PRUEBAS DE ESFUERZO EN MEDICINA DEL DEPORTE

¿Qué es una prueba de esfuerzo?

Se puede definir la prueba de esfuerzo como un procedimiento utilizado para la valoración cardiovascular y fisiológica en una persona. También se denomina ergometría (del griego érgon, trabajo, y metrós, medida) que significa literalmente medición del esfuerzo.

Así pues, la prueba de esfuerzo es de gran utilidad en la evaluación clínica y tratamiento de pacientes con cardiopatía, particularmente con cardiopatía isquémica, para determinar el riesgo de cardiopatía isquémica en individuos asintomáticos y para realizar una evaluación funcional de individuos sanos, especialmente atletas y personas que quieren hacer ejercicio físico.

¿Para qué sirve una prueba de esfuerzo?

Algunas de las utilidades más destacadas en el campo de la Medicina del Deporte son:
• Determinación de la condición física de base
• Prescripción de la intensidad del ejercicio físico
• Evaluación de un programa de entrenamiento
• Valoración de un inesperado bajo rendimiento
• Búsqueda de enfermedad cardiaca oculta
• Seguimiento de enfermedad cardiaca conocida que no impide inicialmente el deporte
• Valoración de alteraciones del ECG de reposo o del trastorno del ritmo en atletas
• Comprobación de la utilidad de determinados fármacos o sustancias durante el ejercicio físico

¿Cuándo está indicado hacer una prueba de esfuerzo?

Desde el punto de vista de la Medicina del Deporte, la realización de una prueba de esfuerzo estaría indicada en los siguientes casos:
• En personas con signos o síntomas de enfermedad que quieren hacer ejercicio físico.
• Deportistas con alteraciones den el ECG de reposo, con objeto de establecer su relación con el ejercicio.
• En personas mayores de 35 años y/o 2 o más factores de riesgo cardiovascular y realicen actividad física intensa.
• Deportistas menores de 35 años con historia familiar de muerte súbita inexplicable relacionada con el ejercicio.
• Valoración de la capacidad funcional en deportistas de competición, cualquiera que sea su edad.
• Orientación sobre el ritmo de competición en deportistas que preparan una prueba de larga duración.

¿Qué se necesita para hacer una prueba de esfuerzo?

Para hacer una prueba de esfuerzo se precisa de un local suficientemente amplio con unas condiciones ambientales adecuadas y estables (temperatura de 20-23ºC, humedad relativa hasta 60-65%) y unos servicios complementarios (vestuarios y duchas). Es preciso contar con un equipo de pruebas de esfuerzo compuesto al menos por un ergómetro o aparato donde se va a realizar el esfuerzo (ciloergómetro o tapiz rodante), un electrocardiógrafo (al menos tricanal), un monitor de ECG para visualizar el ECG durante toda la prueba) y un esfigmomanómetro para tomar la presión arterial. Existe otro material optativo tal como ergoespirómetro (sistema de medida del volumen y composición del gas espirado), analizador de gases sanguíneos, de ácido láctico, etc. También es necesario un equipo de emergencias cardio-respiratorias compuesto por: desfibrilador, material de intubación y ventilación, fuente de oxígeno y fármacos, para hacer frente a una posible urgencia durante la prueba.
Por último, el personal que realice la prueba debe ser un médico (especialista en medicina del deporte en el caso de las pruebas de esfuerzo a deportistas) y un Diplomado Universitario en Enfermería.
NO ES UNA PRUEBA DE ESFUERZO una prueba o test físico realizado en un gimnasio o campo deportivo realizado por personal no sanitario, sin control electrocardiográfico y sin las medios necesarios para atender un accidente cardiovascular que pudiera ocurrir durante la realización de la prueba.

¿Cómo se realiza una prueba de esfuerzo?

Antes de la prueba: El deportista debe acudir con su ropa deportiva habitual (preferentemente pantalón corto), observando un periodo adecuado de tiempo entre la última toma de alimentos y la prueba (como si fuera a realizar deporte), habiendo descansado suficientemente y habiendo tomado su medicación habitual. El personal sanitario realizará una historia clínica y exploración cardio-respiratoria previa en reposo, para comprobar que no existe contraindicación alguna para realizar la prueba. Posteriormente le informarán acerca del protocolo de la prueba y sus riesgos. Una vez informado el deportista deberá firmar el consentimiento para la realización de la misma. Una vez firmado, se procederá a la colocación de electrodos, cables y demás medios necesarios para la realización de la prueba. Durante la prueba: Como mínimo se realizará una monitorización continua del ECG y la frecuencia cardiaca (FC) y periódica de la tensión arterial. La prueba comenzará con una intensidad baja, a modo de calentamiento, que le permita al deportista su adaptación al ergómetro. Posteriormente irá aumentando la intensidad del ejercicio (velocidad y pendiente o carga) para que procurar un esfuerzo cada vez mayor. Si la prueba es maximal terminará por agotamiento general o muscular del deportista, procurando que al menos se alcance el 85% de la FC máxima teórica (220-edad). También finalizará si aparecen signos o síntomas de alarma o a petición del deportista.
Tras la finalización del esfuerzo se debe observar un periodo adecuado de recuperación (mínimo 5 min.) en el que debe seguir haciendo ejercicio. Es durante este tiempo donde pueden tener lugar cambios importantes en el ECG y la TA, por deberá seguir monitorizado hasta la finalización total de la prueba.

¿Qué complicaciones pueden producirse en una prueba de esfuerzo?

Aunque la ergometría es un procedimiento considerado habitualmente seguro, puede presentar un caso de fallecimiento por cada 10.000 pruebas y una complicación grave por cada 1000 exploraciones realizadas. En deportistas la incidencia de estas complicaciones es todavía menor, no obstante es importante disponer del material y personal adecuados para hacer frente a cualquiera de las complicaciones que pudieran producirse.

¿Qué información debo recibir de una prueba de esfuerzo?

Al finalizar la prueba de esfuerzo el deportista debe ser informado de palabra del resultado de la misma. Posteriormente se le facilitará un informe escrito que debe contener información acerca de la historia del sujeto, motivo por el que se realiza el test, medicación que lleva, etc. Asimismo, debe mencionarse el protocolo y derivaciones utilizados, así como los motivos de finalización, incidencias tales como síntomas y arritmias, duración de la prueba, FC alcanzada, evolución de la presión arterial y, por supuesto, la valoración del ECG de esfuerzo. Como conclusiones debe establecerse la normalidad o no del test desde el punto de vista de salud y el nivel de capacidad funcional alcanzado.

¿Qué datos interesan de una prueba de esfuerzo?

Los datos obtenidos durante una ergometría pueden ser referidos en relación a la respuesta del sistema cardiovascular y como forma de valoración funcional.
En la respuesta del sistema cardio-circulatorio se estudian fundamentalmente tres parámetros: frecuencia cardiaca, tensión arterial en esfuerzo y electrocardiograma de esfuerzo. Los tres en conjunto informan sobre el estado cardiocirculatorio de una forma global y concretamente sobre aspectos parciales de la adaptación cardiovascular al esfuerzo. Son de utilidad tanto en personas que realicen actividad física no competitiva como en deportistas de competición.
La FC es el mejor indicador de la intensidad del esfuerzo. Además del valor de la FC máxima alcanzada, es importante la relación existente a lo largo del esfuerzo entre la intensidad de la carga y la FC correspondiente. Dicha relación servirá para comparar en pruebas posteriores la adaptación al esfuerzo y la mejora física del deportista por el entrenamiento.
La PA es un dato esencial en toda prueba de esfuerzo. Con pequeñas variaciones, la respuesta normal es una elevación gradual de la PA sistólica (máxima) al ir aumentando la carga para llegar a nivelarse o descender muy ligeramente en los estadios de máximo esfuerzo. Los valores de PA diastólica (mínima) se mantienen o aumentan ligeramente a lo largo del esfuerzo. Una posibilidad no infrecuente es la aparición de una respuesta hipertensiva al esfuerzo en un sujeto con presiones normales en reposo. Este hecho puede suponer una limitación para práctica deportiva y un seguimiento en el tiempo, porque se ha observado en estos individuos una mayor incidencia de aparición de hipertensión arterial en reposo entre los que habían presentado este tipo de respuesta en relación con los que respondieron normalmente.
Los parámetros electrocardiográficos en respuesta al ejercicio físico han sido ampliamente estudiados. Normalmente, el electrocardiograma no se altera durante el ejercicio, en relación al reposo, salvo los cambios correspondientes al aumento de la frecuencia y ligeras variaciones en algunas ondas y segmentos del ECG. La presentación de determinadas alteraciones electrocardiográficas durante el esfuerzo o la recuperación pueden ser motivo de estudios posteriores e incluso de limitación o contraindicación para la práctica deportiva.
La información que aporta la prueba de esfuerzo en relación a la valoración funcional va a permitir conocer el rendimiento del deportista, así como obtener datos que puedan ser aplicables en la programación y control del entrenamiento en deportistas de competición, y en la prescripción del ejercicio físico en personas sedentarias y deportistas no competitivos.
Entre los parámetros de valoración funcional más útiles que nos aportan las pruebas de esfuerzo hay que citar: el consumo máximo de oxígeno (VO2max) y la determinación de la transición aeróbica-anaeróbica (umbrales aeróbico y anaeróbico).

¿Qué es el consumo de oxígeno y para qué sirve?

Para la realización de cualquier tipo de actividad física se requiere una disponibilidad energética que depende de la posibilidad de aportar, transportar y utilizar el oxigeno para el organismo. La máxima cantidad de oxigeno que el organismo puede extraer de la atmósfera y utilizar en los tejidos se identifica como potencia aeróbica máxima, y su indicador mas universalmente conocido es el consumo máximo de oxigeno (VO2max), que se puede definir como la cantidad máxima de oxigeno que el organismo puede absorber, transportar y consumir por unidad de tiempo (ml/kgxmin).
El VO2max puede ser determinado por procedimientos directos (más válidos y fiables), mediante ergoespirometría o análisis de gases, o indirectos. Sirve para valorar el estado de salud cardiopulmonar e indica el estado físico aeróbico de un individuo. Cuanto mayor sea su valor, mayor capacidad para deportes de resistencia. Su valor tiene poca aplicación al entrenamiento, ya que en su mayor parte viene determinado genéticamente y en deportistas bien entrenados apenas sufre modificaciones por el entrenamiento, siendo más sensible en el control de la respuesta al entrenamiento en sujetos sedentarios.

¿Qué es el umbral anaeróbico?

Cuando un sujeto realiza un esfuerzo de intensidad progresivamente creciente hasta el agotamiento se observa que, a partir de cierta intensidad de esfuerzo, la energía suministrada por el metabolismo aeróbico es insuficiente para satisfacer la demanda energética. Para poder mantener intensidades de esfuerzo superiores es necesaria la activación del metabolismo anaeróbico que actúa complementando al metabolismo aeróbico. Como consecuencia se produce una acidosis metabólica, al tiempo que aumenta la concentración de lactato en el interior del músculo en la sangre. A la intensidad de esfuerzo a partir de la cual se inicia la acidosis metabólica se la denomina umbral anaeróbico. Múltiples experimentos han demostrado que cuanto mayor es la intensidad relativa de esfuerzo a la cual se produce el umbral anaeróbico, mayor es la capacidad de resistencia.

¿Para qué sirve el umbral anaeróbico?

La determinación de los umbrales aeróbico y anaeróbico nos va a permitir, a efectos prácticos, establecer diferentes zonas de entrenamiento para tratar de individualizar lo máximo posible el entrenamiento y así incidir más o menos en uno u otro sistema energético. La determinación de estos umbrales puede hacerse de forma invasiva, tomando muestras de sangre para analizar el lactato que se produce y acumula en el músculo por el ejercicio (umbral láctico); o de forma no invasiva, analizando los gases de la respiración durante la realización de una prueba de esfuerzo (umbral ventilatorio).

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